La Byron tiene una silueta que se define por sus curvas: respaldo alto y redondeado, asiento generoso, sin un solo ángulo recto que interrumpa. El chenille acompaña esa forma con una textura suave y uniforme que invita al tacto. Las patas de metal, finas y discretas, sostienen el conjunto sin quitarle protagonismo al tapizado. Una silla que funciona igual en un comedor que en un rincón del living.
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